Conozco tu secreto más sucio.
Sé lo que hay en esa carpeta de tu ordenador llamada «Mis Proyectos» o «Escritos». Sé que hay diez, quince, quizás veinte archivos de Word. Sé que todos tienen un primer capítulo increíble, quizás un esquema de personajes, un mapa dibujado a mano y… nada más.
Están muertos. Abandonados. Cogiendo polvo digital.
Y también sé por qué pasó. Un día, mientras escribías el difícil capítulo 7 de tu novela actual, se te cruzó una idea nueva. Una idea brillante. Una idea sobre piratas espaciales. O sobre un romance en la época victoriana. Y esa idea nueva brillaba tanto, era tan fresca y sexy, que la vieja novela te pareció aburrida y difícil. Así que «engañaste» a tu proyecto actual con el nuevo.
Bienvenido al club. Sufres el Síndrome del Objeto Reluciente (Shiny Object Syndrome).
La Adicción a la Dopamina del «Inicio»
Para entender por qué no terminas nada, tienes que entender tu cerebro. Empezar una novela es un chute de dopamina brutal. Es la fase de la «Luna de Miel».
- Todo es posible.
- No hay agujeros de guion todavía.
- Los personajes son perfectos en tu cabeza.
- Escribir es fácil porque solo estás soñando despierto.
Pero entonces llegas al Valle de la Muerte (el Segundo Acto). De repente, la historia se complica. Tienes que resolver problemas lógicos. Escribir se convierte en trabajo. Ya no es divertido; es picar piedra.
En ese momento de dolor, tu cerebro reptiliano busca una salida fácil. Y te manda una «Idea Nueva». Tu cerebro te dice: «Esta novela es difícil porque es mala. Pero la Idea Nueva… ah, la Idea Nueva será perfecta y fácil».
Es mentira. La Idea Nueva también se volverá difícil cuando llegues a su capítulo 7. Es un ciclo infinito de infidelidad creativa.
La Diferencia entre Amateur y Profesional
Aquí está la verdad incómoda que duele escuchar: Empezar libros es de amateurs. Terminar libros es de profesionales.
Cualquiera puede tener una idea genial. Las ideas no valen nada. Lo que vale es la capacidad de sentarse en la silla cuando odias tu propia historia, cuando te sientes un fraude y cuando preferirías estar fregando los platos antes que escribir una palabra más… y aun así, escribir.
El escritor profesional no escribe porque esté «inspirado» por una musa nueva. Escribe porque tiene un contrato de monogamia con su proyecto actual.
La Regla de la Monogamia del Proyecto
Si quieres curarte de este síndrome, te propongo una regla radical que uso yo mismo:
«Tienes prohibido empezar nada nuevo hasta que escribas la palabra FIN en lo actual.»
¿Se te ocurre una idea genial para una trilogía de fantasía mientras estás escribiendo un thriller? Genial. Apúntala en tu Libreta 3 (la de bolsillo) para que no se olvide. Y cierra la libreta.
No tienes permiso para tocar esa idea. No puedes hacer fichas de personaje. No puedes escribir el prólogo «solo para ver qué tal».
Esa idea es tu premio. Es la zanahoria. Si quieres jugar con el juguete nuevo, primero tienes que terminar los deberes viejos.
El Poder de «Terminar Mal»
Muchos abandonan porque sienten que lo que escriben es basura. Y probablemente lo sea. Pero una novela basura terminada se puede editar. Una novela perfecta que solo existe en tu cabeza no vale nada.
Neil Gaiman dijo: «Se aprende escribiendo. Pero se aprende sobre todo terminando cosas».
Deja de perseguir objetos relucientes. El oro no está en la superficie; el oro está al final del túnel, después de picar mucha piedra oscura.
